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Julio Verne, te hemos superado

92104335 10221271989644937 8633939207712145408 oHe leído muchísima ciencia ficción. Soy aficionado desde muy joven a las novelas, los relatos, los cómics o tebeos y las películas de ciencia ficción, en todas sus vertientes.
Ya de muy chico, casi aprendí a leer antes de ir al colegio, a fuerza de exigir que me leyesen mientras comía, entre otras cosas, los tebeos de Diego Valor, el Héroe del Espacio, que también se escuchaba en un serial de radio SER, allá por los años 50 del siglo pasado.

Y toda esta ciencia ficción, tan denostada a veces como plato literario menor por los pedantes academicistas que parecen haber desayunado siempre con la magdalena de Proust y cenado duelos y quebrantos del señor Cervantes, resulta que ya hablaban de días como estos, con libertades restringidas, encierros domiciliarios y calles desiertas y fantasmagóricas,

En aquellos tebeos, aquellos libros y aquellas películas ya aparecían los estragos de los virus asesinos y las sociedades angustiadas por la incertidumbre.

No sólo pudimos ver los niños de entonces, en aquellas historias, que llevaríamos teléfonos en el bolsillo, que pasearíamos por el espacio, que tendríamos rayos láser, que estaríamos comunicados a nivel planetario, sino que también tendríamos un planeta maltratado por nuestros malos usos y que habría poderes totalitarios gobernando a las masas a través del miedo.

Además de extasiarnos con edificios espectaculares, robotizaciones sin cuento, manipulaciones genéticas y video conferencias, también pudimos saber que el futuro podría depararnos extraños y apocalípticos escenarios en los que todos deberíamos cumplir normas de confinamiento y pérdida de autonomía, so riesgo de ser perseguidos, multados y hasta encarcelados.

Algunos de nuestros mayores, las gentes serias y responsables, nos trataban de visionarios, de poco prácticos, de fantasiosos y extravagantes; y mira tú por dónde, no hacíamos más que adelantarnos al futuro, que es ya nuestro presente en muchas cosas, de la mano de Isaac Asimov, H.G. Wells, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Orwell, Huxley o Philip José Farmer, por citar sólo extranjeros.


Éramos unos adelantados, gozosamente en los avances tecnológicos y tristemente en las situaciones desastrosas como la pandemia que nos ocupa. Si muchos de nosotros aprendimos bastante en aquellas aventuras de ficción, cabe preguntarse si ahora, en la aventura real, aprenderemos también a ser mejores o, cuando pase esta especie de III Guerra Mundial volveremos a las andadas del capitalismo salvaje, los intereses bastardos y la insolidaridad universal.

Nosotros, los aficionados a la ciencia ficción no decimos aquello de "¿quién nos lo iba a decir?". Nosotros ya sabíamos que un día ocurrirían estas cosas, que un virus escapado de algún siniestro laboratorio, o ayudado a escapar no se sabe con qué aviesas intenciones, nos dejaría a muchos muriendo, a la mayoría encerrados y a todos en manos de temor, la incertidumbre y la sospecha de que nuestro mundo no volverá a ser igual.

Querido Julio Verne, te hemos superado con creces y no siempre en las cosas buenas, también en la miseria que provoca nuestra propia locura o, más bien, la locura de los que manejan los hilos en la sombra.

Enrique Gracia Trinidad

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